Ya no venden periódicos: así se reinventan los quioscos en España
Marielle Brusola
·
Jun 26, 2026
·
Tiempo de lectura: 8 min

Hubo un tiempo en que el quiosco era el primer ritual del día. Comprar el periódico, cruzar dos palabras con el quiosquero, guardar el cambio en el bolsillo. Una pausa pequeña pero real, repetida cada mañana en cada barrio de cada ciudad española. Hoy, en muchas de esas mismas esquinas, la persiana vuelve a subir. Pero lo que hay dentro ya no tiene nada que ver con lo de antes.
Lejos de limitarse a vender prensa y chucherías, estos pequeños espacios se han transformado en puntos de encuentro donde encontrarás bisutería, libros, vinilos o café. El quiosco, ese formato que la digitalización dejó varado en la acera, está viviendo una segunda vida tan variada como inesperada. Y lo está haciendo no a golpe de subvenciones municipales, sino a golpe de imaginación emprendedora.
Se trata de un fenómeno real, documentado y en expansión. No hay una sola fórmula. No hay un único producto. Lo que comparten todos estos proyectos es el mismo punto de partida: una estructura concedida, una ubicación privilegiada y la convicción de que ese espacio todavía tiene mucho que decir.
Un problema compartido, soluciones distintas
El diagnóstico es conocido. A día de hoy, apenas 300 quioscos siguen abiertos en Madrid. La llegada de la prensa digital ha ido mermando la venta de periódicos y revistas, y con ello se han ido sucediendo año tras año el cierre de muchos de ellos. Madrid Diferente Barcelona no está en mejor situación: un 35% de los quioscos de prensa han cerrado en la ciudad condal, con ventas que habrán bajado entre un 50 y un 60% de lo que se vendía antes.
Lo interesante no es el problema — ese ya lo conocemos — sino las respuestas. Porque cada quiosco que ha decidido no cerrar lo ha hecho a su manera, desde su barrio, con su propio criterio. El resultado es un mapa de reinvenciones tan diverso como la propia España.
Café: el producto que más quioscos ha salvado
Si hay un protagonista indiscutible en este movimiento, es el café. Y no cualquier café: el de especialidad, el artesanal, el que tiene un origen, un método, una historia.
El café está consiguiendo lo que no consiguió ni la prensa ni la administración: revivir los quioscos y devolverlos al corazón de la ciudad. Y el fenómeno arrancó en Barcelona.
News & Coffee fue el pionero. Su primer quiosco en el Passeig de Sant Joan de Barcelona mezcló café de especialidad con prensa internacional y revistas de diseño, tostando su propio café en Girona. Lo que comenzó en una esquina barcelonesa es hoy una red con presencia en Madrid, Valencia, Londres y París.
NEO2
Le siguió GoodNews, nacido en plena pandemia de 2020. Comenzaron renovando un quiosco de prensa de Barcelona donde empezaron a servir cafés con descuento a cambio de que los consumidores contaran algo bueno que les hubiera sucedido los últimos días. Hoy operan en Barcelona, Madrid, París y Ámsterdam. En Madrid, OSCO Coffee (@osco.coffee) sigue ese mismo camino con nuevas aperturas en formato quiosco callejero ya en marcha en 2025.
Barcelona Secreta
En Valladolid, Elisa Gutiérrez apostó por el quiosco histórico de la calle Constitución, lo equipó con una La Marzocco y abrió una carta de especialidad con espresso, flat white, matcha y cold brew. En Málaga, Grab & Go (Calle Cuarteles) suma cafés artesanales, matchas premium y smoothies bajo la idea de construir "una comunidad joven que valora las marcas con propósito". Y en Madrid hay que mencionar también a Pink Bourbon (Diego de León, 41), cuyo café procede de dos tostadores de Atenas y Oporto que trabajan exclusivamente para ellos, con cafés al estilo griego preparados siempre con hielo donde el café y la leche se baten antes de servirse. Una propuesta que no encontrarás en ningún otro quiosco de la ciudad.
Vinilos, arte e ilustración: cultura en formato micro
Pero el café es solo una parte de la historia. Hay quioscos que han apostado por la cultura en su sentido más amplio, convirtiendo esos pocos metros cuadrados en pequeñas galerías, tiendas de discos o espacios de encuentro para comunidades muy concretas.
El ejemplo más llamativo de Madrid es Quiosco Morrison (Calle Alcalá, 114 — Goya | @quioscomorrison). Lo que comenzó como un quiosco de prensa ha evolucionado en un espacio cultural de referencia para coleccionistas y amantes de la música, con vinilos de todos los géneros —metal, rock clásico, jazz, electrónica— y una pequeña cafetería de café artesanal para llevar mientras exploras el catálogo. Sus paredes exhiben ilustraciones y láminas artísticas de creadores locales.
En Barcelona, el Odd Kiosk del Eixample va todavía más lejos en la propuesta cultural: un rincón queer que celebra la diversidad de la comunidad LGTBIQ+ a través de una selección de revistas independientes, arte y diseño, además de café Nomad. Un espacio cultural tanto como una cafetería.
Kiosko Morrison
Bisutería, moda y pequeño comercio: el quiosco como tienda pop-up permanente
No todo es café ni vinilos. Algunas marcas han encontrado en el quiosco el formato perfecto para su propuesta de retail: pequeño, visible, en la calle, sin el coste de un local convencional.
Es el caso de De la Cabra (Fuencarral, 112 — Madrid | @delacabra.fuencarral). La tienda de bisutería online De la Cabra ha tomado el quiosco de la calle Fuencarral, muy cerca de la glorieta de Bilbao. Sigue vendiendo revistas de manera casi testimonial, pero lo que ahora ocupa sus expositores y contrapuertas son piezas de acero inoxidable, resina y bronce a precios realmente accesibles. Un concepto que encaja perfectamente con la filosofía del barrio: joven, creativo, accesible.
Y en Madrid hay otro que merece mención aparte: Pide un Deseo (@pideundeseo), un quiosco que funciona como espacio de bisutería y accesorios con identidad propia, en la línea de ese retail urbano de pequeño formato que conecta con un público muy específico y muy fiel.
Pide un deseo
Libros y cultura de barrio: el quiosco como escenario
Hay también quioscos que no han cambiado radicalmente de producto, sino de función. El modelo de Kioskalia (Calle Ortega y Gasset, 45 — Salamanca, Madrid) es el más interesante en este sentido. Miguel Sanz, de 32 años, vende periódicos, libros, cuentos, cromos y hasta paraguas, además de organizar firmas de libros y actividades culturales los fines de semana. Durante los fines de semana, el quiosco se transforma en un pequeño espacio cultural donde autores presentan y firman sus libros al aire libre, acercando la literatura a los vecinos y reforzando la vida de barrio. Por su mesa han pasado ya autores como Agatha Ruiz de la Prada, Javier Sierra o el periodista José Antonio Zarzalejos. No es un quiosco: es un punto de programación cultural al aire libre.
El que nunca se rindió: el Kiosco de Horchata de Narváez
Y luego está el caso que no encaja en ninguna categoría porque lleva demasiado tiempo siendo irreducible. El Kiosco de Horchata Narváez (Calle Narváez — Goya, Madrid) lleva abierto desde 1944 y con la salud que muestra acabará siendo centenario. Es el único quiosco de horchata y agua de cebada que queda en Madrid, donde llegó a haber cerca de 300. Lo regenta José Manuel García, bisnieto de los fundadores originales. Aquí no ha habido reinvención porque nunca hubo abandono. A veces sobrevivir con dignidad es la declaración de principios más contundente.
Lo que el quiosco reinventado le enseña a la hostelería
Hay una lección de negocio clara en todo esto. Un quiosco cerrado transmite abandono. Uno reconvertido transmite vida. Pero transmite algo más concreto: que la identidad de un negocio no la da el producto que vende, sino la experiencia que construye y la comunidad que genera a su alrededor.
Para bares, restaurantes y hoteles que buscan diferenciarse en un mercado cada vez más saturado, estos micro-espacios son un laboratorio en miniatura de lo que realmente importa: la atmósfera, el detalle, la coherencia entre lo que eres y lo que proyectas. El quiosco reinventado lo consigue con cuatro metros cuadrados y una persiana. Eso es, en el fondo, lo que se llama identidad de marca.
El quiosco siempre fue el corazón del barrio. Con café, con vinilos, con bisutería o con libros, está recuperando exactamente ese lugar.
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Marielle Brusola
Especialista de Marketing y Comunicación
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